Generalización de un sonido en las dificultades de articulación

Una intervención en las dificultades de articulación (dislalias) se desarrolla en tres fases:

  • Fase de adquisición del sonido: en esta primera fase obtenemos la consecución del fonema aislado, cuya articulación se consigue proporcionando al niño el modelo correcto para su articulación. De esta manera, el niño sabe cómo deben colocarse correctamente los distintos órganos articulatorios que determinan los rasgos de cada sonido (punto y modo de articulación, vibración de las cuerdas vocales y acción del velo del paladar). En el tratamiento logopédico, suele recurrirse a sonidos auxiliares de fonemas ya adquiridos que comparten rasgos con el fonema que queremos conseguir.

 

  • Fase de consolidación del sonido: en esta fase se persigue afianzar la articulación correcta del fonema adquirido en distintas unidades lingüísticas (sílabas, palabras, etc.). Para ello, se diseñan diversas actividades y juegos de expresión que sean divertidos para el niño, motivando su atención mediante el refuerzo de las emisiones correctas.

  • Fase de generalización: tras conseguir la articulación del sonido deficitario, es necesario realizar una buena etapa de generalización y automatización del fonema al lenguaje espontáneo, de manera que el niño consiga integrar dicho sonido en sílabas, palabras, oraciones y posteriormente en su lenguaje oral. Para ello, se favorece la integración del sonido mediante juegos, conversaciones y situaciones naturales de comunicación.

En esta última fase, la familia juega un papel muy importante en la evolución del niño, pues ésta debe adaptarse al proceso de aprendizaje del mismo. Si queremos que el niño transfiera el sonido aprendido a su lenguaje espontáneo, debemos propiciar la creación de situaciones de comunicación con una actitud positiva, pues algunas veces estas situaciones se desarrollan con gran exigencia y presión hacia el niño. En lugar de realizar correcciones de manera constante y proporcionar al niño un visión negativa de sus dificultades articulatorias, debemos practicar dicho sonido mediante juegos, de manera tranquila, enlenteciendo el discurso para controlar mejor su articulación, etc. Lo importante es que el niño sienta comprensión y apoyo por parte de la familia (acaba de aprender un sonido nuevo, ¡no debe tener miedo a equivocarse!) y se motive para perfeccionar su habla espontánea.

 ¿Qué puede hacer la familia para favorecer la generalización del sonido aprendido?

Para favorecer la creación de situaciones de intercambio comunicativo e integración del fonema aprendido, podemos realizar lo siguiente:

  • Jugar a la de escenificación de diversos eventos o contextos (recitar un poema, comprar en una tienda, hablar en clase, dar un discurso, exponer un trabajo, etc.) y a la conversación.
  • Leer conjuntamente con el padre, la madre o cualquier hermano. Podemos leer cada uno un fragmento alternativamente, pronunciando los sonidos de manera correcta para potenciar la agilidad articulatoria de los mismos.
  • Jugar a inventar frases o cuentos con los sonidos aprendidos: podemos preparar un grupo de imágenes o palabras que contengan el sonido aprendido y jugar a inventar frases e historias con esas palabras.

Por ejemplo: colocamos las imágenes con el fonema /s/ boca abajo y vamos destapando aleatoriamente las cartas. Cada persona puede hacer una frase distinta con cada palabra, podéis crear un cuento o ir sumando las diversas palabras que van saliendo entre todos (frase con “sapo”, frase con “sapo” y “suma”, frase con “sapo”, “suma” y “fresa”; etc.).

  • Jugar con trabalenguas: permiten favorecer la habilidad para pronunciar de forma fluida las distintas secuencias de fonemas aprendidos, ganando una mayor agilidad articulatoria.
  • Jugar al “veo-veo”: favorece el desarrollo de la conciencia fonológica (“empieza por la letra _”) y el vocabulario con el sonido aprendido.
  • Colocar pegatinas o recordatorios tanto en casa como en el material escolar, de manera que el niño se acuerde de que debe practicar la pronunciación del fonema aprendido. Ejemplos: pegatinas en la bolsa del almuerzo y/o en la portada de los libros (así se acuerda antes de comenzar a leer), carteles en su habitación o en otras partes de la casa (por ejemplo, la cocina o el comedor, que son los lugares donde suele conversar con el resto de la familia), etc.