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Disfemia o tartamudez

La tartamudez o disfemia se engloba dentro de los trastornos del habla, en los cuales encontramos varios tipos de afecciones, que se caracterizan por limitar la capacidad del individuo para comunicarse mediante el lenguaje oral.

Cuando hablamos de alteraciones del habla, nos referimos ya no solo a los trastornos que afectan a la articulación de los fonemas y los sonidos, sino también a los que afectan al ritmo y a la fluidez verbal.

Siendo el habla la función mediante la cual el lenguaje es exteriorizado, podemos determinar la importancia fundamental que tiene este mecanismo para el adecuado desarrollo psicosocial de los individuos, ya que para que el habla se realice en forma óptima, el individuo debe cumplir con una serie de requisitos en las esferas emocional, física, cognitiva y neurológica. Es decir, el sujeto debe tener la intención de manifestar una idea, sentimientos y emociones, a través de un sistema laríngeo que le permita emitir voz y del movimiento de los músculos involucrados en la fono-articulación, los que se producen gracias a una serie de conexiones neurológicas involucradas en la programación y ejecución del habla.

El ritmo es definido como una proporción y armonía en la distribución de los sonidos, los acentos y las pausas. La fluidez tiene que ver con el grado de eficiencia, pericia, destreza o habilidad con que se lleva a cabo el habla. Cuando algunos de estos componentes se alteran será necesaria la intervención por parte del logopeda.

Tipos de trastornos del ritmo y la fluidez:

  • Taquifemia (o farfulleo): es una forma precipitada y excesivamente rápida de hablar, donde se observan omisiones de fonemas y sílabas sobre todo en fin de enunciación “se come las palabras”), a veces falta el ritmo y se llega a una cierta descoordinación respiratoria que provoca ligeros bloqueos y repeticiones.
  • Bradifemia o bradilalia: se define como un trastorno en la fluidez del habla que se caracteriza por la lentitud exagerada a la hora de hablar.
  • Disfemia o tartamudez: es una de las dificultades más conocidas del habla, y en la que nos centraremos en éste artículo. Se manifiesta por una forma de hablar interrumpida con alteraciones de la fluidez que afectan a la continuidad, al ritmo y la velocidad del habla. Se caracteriza por la repetición de sílabas o palabras, prolongaciones de sonidos, bloqueos o paros espasmódicos u otras rupturas en el ritmo fluido del habla que pueden ir acompañadas de tensión muscular en cara y cuello, movimientos asociados, miedo y estrés.

 

Clasificación de la tartamudez

Existen 3 tipos de tartamudez o disfemia que pueden darse en función del tipo de disfluencia que presente la persona:

  1. Tónica: caracterizada por la repetición de sonidos asilados con múltiples interrupciones ocasionadas por espasmos. Durante las interrupciones el paciente muestra rigidez y tensión faciales. Es la que presenta peor diagnóstico.
  2. Clónica: caracterizada por las repeticiones de sílabas y palabras enteras, más frecuentes en consonante que en vocal, más todavía en oclusivas y que se dan mayoritariamente a principio que en medio de palabra.
  3. Tónico-clónica o mixta: es el tipo más frecuente, porque resulta difícil encontrar un disfémico puro tónico o clónico, la mayoría combinan los dos síntomas

No existe evidencia de las causas del tartamudeo, pero si se conocen diferentes variables relacionadas con el origen y el mantenimiento de la sintomatología, algunos de ellos son:

  • Componentes genéticos.
  • Sexo (75% de varones tartamudos respecto a mujeres).
  • Trastornos de la lateralización cruzada.
  • Trastornos neurológicos.
  • Trastornos en la estructuración temporoespacial.
  • Alteraciones lingüísticas y/o alteraciones neuromusculares de los movimientos del habla, desfases temporales y dificultades en la planificación y ejecución motora.
  • Alteraciones psicológicas (ansiedad, depresiones, miedos, inestabilidad emocional, sentimientos de inferioridad, etc.)

En definitiva, la tartamudez es un trastorno complejo y multifactorial, en el que pueden coexistir distintos subgrupos del problema con diferentes etiologías en el que intervienen factores genéticos, orgánicos y ambientales, como la cognición, la emoción, el lenguaje y las habilidades motoras del niño. Por lo que su abordaje necesitará la participación de distintos profesionales en estrecha relación, entre ellos la labor del logopeda es fundamental.

Inicio y evolución de la tartamudez

Es habitual que los niños pequeños, entre 2 y 5 años, no tengan una fluidez total en el habla hasta que aprenden a organizar las palabras y las frases, encontrándose en un periodo de disfluencias evolutivas completamente normal y que suele desaparecer espontáneamente en el 80% de los casos. A este tipo de repeticiones lo llamamos «disfemia fisiológica» o primaria, en este momento deben evitarse los intentos de corrección, que no producirán más que situaciones de angustia y ansiedad en los niños y favorecer el paso a disfemia transicional con una diferencia de grado en frecuencia e intensidad de los bloqueos, y un inicio de consciencia y frustración por el problema. Si los bloqueos pasan a ser casi constantes, ya hay miedo que deriva en evitación clara hablar y aparecen movimientos asociados, se considera entonces secundaria que suele convertirse en crónica o establecida si las disfluencias persisten a los 7-8 años.

En la siguiente tabla explicativa se presentan fases, tipos y síntomas en la evolución de la tartamudez. Según VAN RIPER (1954) y BLOODSTEIN (1961)

Primaria o fisiológicaFase IRepeticiones sin esfuerzo y cortas.
Prolongaciones inconscientes.
TransicionalFase IIRepeticiones más rápidas e irregulares con prolongaciones alargándose (o también la postura articulatoria).
Consciencia esporádica del problema.

Gusto por la comunicación.
Fase IIIAumento del número de repeticiones en cada convulsión.
Posturas con tensión.

Consciencia y frustración establecidas pero que no llegan a evitar el habla, ni hay miedo.
SecundariaFase IVMiedo (escondido) y evitación (abierta) hacia fonemas, palabras, personas y situaciones.

Movimientos de compensación.

Es imprescindible acudir al logopeda lo antes posible con el fin de detectar el tipo de disfluencias, el desarrollo de las mismas y los factores externos que puedan influir en su cronificación, con el objetivo de restablecer la fluidez antes de que las estructuras del lenguaje se consoliden con disfluencias.

A continuación, se explican las diferencias entre disfluencias normales, leves y graves y cuando es necesario acudir al logopeda.

 Niño con DISFLUENCIA NORMALNiño con TARTAMUDEZ LEVENiño con TARTAMUDEZ GRAVE
Conducta verbal que se observa u oyeRepeticiones de sonidos, sílabas o palabras esporádicas (no más de una cada 10 oraciones) y breves(de1/2seg o menos)Repeticiones de sonidos, sílabas o palabras frecuentes (3% de la expresión total o más) y largas. Prolongaciones de sonidos de vez en cuando.Repeticiones de sonidos, sílabas o palabras muy frecuentes (10% de la expresión verbal o más) y a veces muy largas (de 1seg. o más). Prolongaciones de sonidos y bloqueos frecuentes.
Otras conductasUso ocasional de pausas, vacilaciones, palabras de relleno como “eh” o “mm”, frases incompletas y reformulación o modificación de frases.Las repeticiones y prolongaciones comienzan a estar acompañadas de cierre de ojos, parpadeo, miradas al costado y un poco de tensión muscular en los labios o alrededor de la boca.Similares a la tartamudez leve pero más frecuentes y evidentes, posible agudización (elevación de tono) de la voz durante el tartamudeo. Uso de sonidos o palabras adicionales al comenzar a hablar.
Cuando se observan las dificultadesSuelen aparecer y desaparecer cuando el niño está cansado, excitado, hablando de temas nuevos o complejos, haciendo o respondiendo a preguntas o hablando con alguien que no le presta atención.Suelen aparecer y desaparecer en situaciones similares, pero en general, están presentes más de lo que están ausentes.Suelen estar presentes en la mayoría de las situaciones. Son mucho más constantes y fluctúan mucho menos.
Reacción del niñoNinguna reacción aparenteAlgunos se muestran poco preocupados; otros sienten frustración y vergüenza.Casi todos sienten vergüenza y algunos tienen miedo de hablar.
¿Cuándo acudir al logopeda?Acudir al logopeda lo antes posible con el fin de valorar el tipo de disfluencias y los factores de riesgo que lo acompañan. Periodo preventivo que se concreta a menudo en modificar los hábitos comunicativos en la familia y el entorno. Acudir antes de los 5 años.Enviar si las dificultades persisten de seis a ocho semanas. Cuando antes sea valorado el niño mejor será su recuperación (de 1-4 meses del inicio del problema). La valoración después de los 5 años disminuye un 37% la posibilidad de desaparición del problema.Acudir inmediatamente.

Evaluación e Intervención logopédica en la tartamudez

Cuando llega un niño con disfluencias o tartamudez el logopeda debe realizar una evaluación exhaustiva e individualizada de todos los aspectos que rodean al niño, valorando:

  1. Descripción de problema actual. Inicio y evolución del mismo.
  2. Descripción del tipo de errores.
  3. Situaciones que aumentan o disminuyen la dificultad (jerarquía de situaciones).
  4. Conductas y actitudes del paciente hacia el tartamudeo.
  5. Grado de preocupación o ajuste y afectación de la comunicación.
  6. Atribución de sus dificultades.
  7. Alteración emocional, autoestima.
  8. Motivación hacia el tratamiento.
  9. Recursos para evitar las disfluencias e intentos de solución. Reacciones y conductas del paciente y de los padres hacia el problema.
  10. Conductas de evitación. Habilidades sociales.
  11. Otras enfermedades: neurológicos, psicológicos, de ajunte psicosocial o del lenguaje.
  12. Antecedentes familiares (especialmente de tartamudez o del lenguaje).
  13. Tratamientos anteriores, tipos y resultados obtenidos.

En los niños también es importante obtener información sobre:

  1. El desarrollo general y lingüístico y otras habilidades.
  2. Antecedentes de embarazo y parto.
  3. Grado de conciencia del problema. Repercusiones en la vida diaria.
  4. Nivel de ansiedad de los padres.
  5. Dinámica y relaciones familiares, organización diaria. Pautas educativas, conducta del niño en la casa.
  6. En general, detectar situaciones de tensión o conflicto, problemas de conducta.
  7. Historial escolar.

Una vez delimitadas las características del tartamudeo, los aspectos asociados, la capacidad de control de los procesos orales y motores del paciente se fija el tipo de intervención, directa o indirecta, y los objetivos de tratamientos conjuntamente con el paciente y los familiares, en función del tipo, fases y síntomas que presenta.

  • Intervención en tartamudez primaria o fisiológica. Aquí el objetivo es la prevención del hábito de los bloqueos por el ambiente. Se trata de poner atención al grado de excitación y de tensión al hablar y evitar la consciencia de ello. Es una prevención muy activa, que se concreta a menudo en modificar los hábitos comunicativos en la familia y en la escuela de forma indirecta sobre él niño.
  • Intervención en tartamudez transicional. Se intervendrá en función del grado de concienciación del niño. Intentado que sea indirecta cuando éste sea bajo o genérica inespecífica de soporte comunicativo a media que vaya aumentando la conciencia y las conductas asociadas o de evitación.
  • Intervención en tartamudez secundaria. Aquí el objetivo es parecido al de los adultos, pero disminuyendo la terapia informativa y de racionalización. Es mejor una modificación de actitudes y habla a partir de hechos y actos concretos. Se ha de informar a los padres y maestros.

De forma general el tratamiento logopédico consistirá en realizar:

  1. Técnicas de relajación general y específicas.
  2. Ejercicios de respiración y de coordinación fono-respiratoria.
  3. Técnicas de control de habla (suavizaciones, silabeo, habla rítmica, etc…) que se ensayan en sesión y gradualmente se van aplicando en distintos contextos
  4. Técnicas de modificación del tartamudeo con el fin de eliminar las respuestas de anticipación, ansiedad o evitación y reemplazarlas por otras más adecuadas a la comunicación.
  5. Orientaciones y estrategias para la familia y el entorno, cuya partición es importantísima.

Orientaciones de tratamiento de la tartamudez para cuidadores y familiares

Si su hijo tartamudea, estos consejos pueden ayudar a disminuir el tartamudeo y la comunicación de su hijo pueda resultar más fluida:

  • No se concentre en el tartamudeo de su hijo. Intente no dirigir la atención al tartamudeo durante las interacciones diarias. No exponga a su hijo a situaciones que generen un sentido de urgencia, presión o necesidad de apurarse.
  • Escuche atentamente a tu hijo. Mantenga contacto visual natural cuando habla.
  • Espere a que su hijo diga la palabra que está intentando decir. No interrumpa para completar la oración o el pensamiento.
  • Reserve tiempo para hablar con su hijo sin distracciones. La hora de las comidas puede ser una buena oportunidad para conversar.
  • Hable lentamente, sin apuro. Si habla de esta manera, su hijo a menudo hará lo mismo, lo que puede ayudar a disminuir el tartamudeo.
  • No realice demasiadas preguntas directas o preguntas que requieran respuestas largas.
  • No le dé recomendaciones como, toma aire, ve despacio, respira, etc. No le llame “tartamudo” u otros apelativos referidos a su forma de hablar.
  • Hable por turnos. Motive a todos los integrantes de la familia a escuchar bien y hablar por turnos.
  • Lea con él. La lectura ayuda a tener temas de conversación y leer cuentos los dos juntos le puede facilitar la fluidez tanto al leer como al contar lo leído.
  • Cometer errores uno mismo. Introduzca usted mismo, en ocasiones, algunos errores leves de fluidez en su propio lenguaje (repeticiones de sonidos, frases o algunas pausas). Esto le parecerá extraño, pero cuando el niño escucha en los adultos estos “errores” le ayudan a poder transformar su forma tensa y alterada de decir en una forma suave. Igualmente le muestra como los adultos también se equivocan al hablar.
  • Procure un ambiente de calma. Haga lo posible por crear una atmósfera relajada y calma en el hogar en la que tu hijo se sienta cómodo para hablar libremente.
  • Ofrezcale elogios en lugar de críticas. Es mejor elogiar a su hijo por hablar claramente que dirigir la atención al tartamudeo. Si decide corregir el habla de tu hijo, hagalo de manera amable y positiva.
  • Procure no reaccionar negativamente ni critique o castigue a su hijo por tartamudear. Esto puede incrementar sus sentimientos de inseguridad y timidez. El apoyo y el aliento pueden marcar una gran diferencia.

Orientaciones de tratamiento de la tartamudez para profesores

En el entorno escolar muchas veces puede resultar muy difícil la comunicación oral por parte de las personas que presentan tartamudez o disfemia, en estos casos es conveniente seguir las siguientes pautas u orientaciones:

  • Tener presente que la tartamudez no afecta la capacidad intelectual de las personas. Que un niño sea disfluente no significa que no esté capacitado para aprender.
  • Saber escuchar al alumno sin darle prisa. Darle tiempo para hablar, para que pueda expresar cómodamente su mensaje.
  • El alumno no debe evitar tartamudear. Permitir que tartamudee lo más natural y cómodamente posible y con la menor tensión. Si evita tartamudear, la autoestima es influenciada por el problema de comunicación y esto desencadena actitudes viciosas.
  • No estimularlo a que realice ningún artificio para evitar los bloqueos: golpear con los pies, chasquear los dedos, respirar profundo, etc. Esto lleva a “nutrir” los bloqueos.
  • Valorar más el contenido que la forma, demostrando mucho interés en lo que dice y no en cómo lo dice.
  • No realizar observaciones o correcciones en el habla. No interrumpir su mensaje. No completar lo que dice o terminarle la frase. No evaluar constantemente su comportamiento verbal. No demostrarle que estamos pendiente de sus bloqueos. No decirle: “para, vuelve a empezar”, “no te apures”, “habla despacio”. Este tipo de correcciones aumentan la tensión.
  • Escucharlo relajadamente sin crítica ni juicio.
  • Destacar los aspectos valiosos de su personalidad frente a los demás compañeros. Es importante hablar con la clase de las diferencias individuales y normalizarlas. Cuanto más tempranamente pueda trabajarse la dificultad con su grupo de pares (jardín/preescolar) más fácil será la integración del niño disfluente en la vida escolar.
  • Estimularle para que participe en discusiones y tareas grupales. Propicia la cooperación.
  • Dar soporte y comprensión dentro del aula.
  • Favorecer los juegos teatrales y que adopte distintos roles.
  • No obligarle a actuar en las fiestas escolares, pero sí estimularle a que lo haga. Hacerle ver que él también puede participar como todos sus compañeros. Esto aumenta mucho su autoestima. Preguntarle si quiere participar.
  • El niño que tartamudea se vuelve muy sensible a lo que “lee” en la cara de quien lo escucha: no poner caras extrañas ni mostrar ansiedad.
  • Los bloqueos retroceden cuando la comunicación es esencial y se siente aceptado y cómodo.
  • No interrumpirlo cuando habla ni dejar que él interrumpa a los demás. Respetar los turnos para hablar.
  • Formularle preguntas una a una y sólo las necesarias. Anticíparle las preguntas, y/o darle distintas alternativas, y hacérselas de los primeros para disminuir la ansiedad por la espera y anticipación. Lo mismo ocurre con las lecturas en voz alta.
  • Modificar su propio lenguaje para no acelerar y evitar ritmos vertiginosos en la sala. Al hablar, emplea un ritmo lento y relajado, pero no tan lento que resulte artificial. Se debe hablar al niño despacio y darle tiempo para expresarse. Si al niño se le da el modelo de una forma de hablar más lenta, le ayudará a mejorar su fluidez. Cuando el adulto habla a una velocidad reducida, el niño tiende a imitar este habla lenta debido a la capacidad que tienen los niños de ajustarse al interlocutor durante la conversación. Esta es una forma indirecta de conseguir que el niño hable más despacio, sin necesidad de decírselo expresamente.
  • Utilizar, simultáneamente la comunicación no verbal: acariciarlo, mirarlo, tocarlo, aceptarle juegos no verbales.
  • La disfluencia puede pasar inadvertida en la escuela porque el alumno no fluente, no habla o habla poco.

Consideraciones general para facilitar la cominicación con personas con tartamudez

En otras circunstancias muy variadas, puede ser conveniente tener en cuenta las siguientes consideraciones para poder mantener una comunicación más fluida con personas con disfemia.

  • Evitar hacer comentarios como: “Más despacio”, “Ponte tranquilo”, “Respira hondo”, “Relájate”, “No te pongas nervioso”… solo consiguen acentuar la situación.
  • Te sentirás “tentado” a acabar las palabras o frases. Procura no hacerlo.
  • Mantén un contacto visual y no te avergüences o sonrojes delante de la situación.
  • Utiliza tú mismo un ritmo pausado a la hora de hablar con una persona con disfluencias, sin llegar a parecer poco natural o exageradamente lento. El hablar pausado crea buena comunicación con cualquier persona con quién hablas.
  • Intenta transmitir a la persona que lo importante es lo que está diciendo y no cómo lo dice.
  • Ten en cuenta que normalmente una persona con dificultades en su habla tendrá más dificultad en controlarse hablando por teléfono. Sé extremadamente paciente. Si respondes el teléfono y no oyes nada, asegúrate que no sea alguien con problemas de tartamudez.

Sandra Feliú

Marc Giner

Autora:

Sandra Feliú. Logopeda. Colegiada número 28/1324 en el Colegio de Logopedas de Madrid. Lindekin

Edición:

Marc Giner Llenas, psicopedagogo, número de colegiado 387 en el Colegio de Pedagogs de Cataluña (COPEC). Director de Logopedia a Domicilio. LINKEDIN.

Bibliografía.

  • Peña-Casanova, J. (2014). Manual de logopedia. España: Masson.
  • Redondo Romero A.M, Lorente Aledo J. (2004). Trastornos del lenguaje. 8(8), 675-691.
  • Serra, M. (1982). Trastornos de la fluidez del habla: disfemia y taquifemia. Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología 2(2):69–78· December 1982 with 12,604 Reads DOI: 10.1016/S0214-4603(82)75232-5

Webografía.

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