CONSEJOS PARA HABLAR EN PÚBLICO

En algunas ocasiones, cuando tenemos que realizar charlas, ponencias o reuniones con numerosas personas, no sabemos qué debemos hacer o cómo debemos transmitir las ideas que queremos comunicar. Aquí os proponemos algunos consejos para ello:

  • Si soy muy nervioso, debo trabajar la relajación muscular previamente:

Es muy importante que mantengamos un tono muscular adecuado, especialmente en la musculatura perilaríngea, ya que ésta repercute en la producción de nuestra voz. Para ello, debemos realizar distintos ejercicios de relajación de la musculatura (por ejemplo, la relajación loco-regional o la relajación muscular progresiva de Jacobson), que nos permiten realizar un calentamiento de los músculos a la vez que se eliminamos excesos de tensión de los mismos y mantenemos su elasticidad.

  • Beber agua:

Si tenemos que hablar durante varias horas, debemos mantener una buena hidratación de la mucosa laríngea, tomando abundantes líquidos. Para ello, es aconsejable llevar siempre una botella de agua pequeña.

  • Controlar la respiración:

El control de la respiración es esencial en la producción de la voz, pues de ella depende la emisión del sonido. Para llevar a cabo una respiración correcta, debemos emplear el diafragma –respiración diafragmática-, llevando el aire al abdomen en la inspiración (el abdomen se expande) y expulsándolo lentamente en la espiración (el abdomen se encoge). Además, tenemos que coger el aire suficiente para cada frase, procurando no quedarnos sin aire a mitad. En el caso de que notemos una sensación de ahogo o falta de aire mientras hablamos, es necesario para, coger aire y seguir hablando.

¡Ojo! Nunca agotar el aire al hablar, pues esto favorece la aparición de hipertensión en la musculatura que rodea la laringe.

  • Mi voz debe ser audible para todos los asistentes:

Nuestra voz debe llegar a cada uno de los asistentes que se encuentran en la sala, por tanto, debemos proyectar la voz para que ésta resuene en todas direcciones, aprendiendo a utilizar nuestro aparato resonador. No obstante, según las dimensiones o la cantidad de público que haya, es mejor utilizar un micrófono con salida amplificada por altavoces para no realizar demasiado esfuerzo con nuestra laringe.

  •  Pronunciar y vocalizar bien:

Además de proyectar nuestra voz por toda la sala, las palabras que pronunciamos deben ser inteligibles, logrando así captar y mantener la atención de los asistentes. Esto implica pronunciar y vocalizar correctamente lo que decimos, controlando además la velocidad de nuestras palabras. Para ello, son muy útiles los ejercicios con trabalenguas y vocalizaciones exageradas antes de comenzar a hablar en público.

  • Estilo más bien coloquial (no demasiado serio y formal):

Algunas personas utilizan un tono de voz demasiado rígido e impersonal, usando un lenguaje demasiado serio y formal e, incluso, sofisticado en ciertos momentos; lo que puede resultar aburrido o demasiado pesado para los oyentes. Por ello, es recomendable hablar con un estilo más coloquial, manteniendo la formalidad que requiere el tema de la ponencia o la reunión, pero produciendo un discurso más natural y menos forzado. Es muy útil el ensayo en voz alta del contenido, anotando algunas frases o palabras clave que podamos utilizar en el discurso para complementar su temario y realizar algunos ejemplos.

  • Variedad en la voz (¡fuera la voz monótona!):

Otra poderosa arma para captar la atención de los oyentes consiste en variar de forma notoria el volumen, el tono y el ritmo de nuestras palabras; ya que provocan contrastes en nuestra presentación que llaman la atención. Si hablamos todo el tiempo usando los mismos parámetros de nuestra voz; esto puede resultar monótono y aburrido para los oyentes, quienes dejan de prestar atención paulatinamente. Para ello, es necesario practicar previamente los diversos cambios que realicemos en el discurso, de manera que no queden demasiado forzados o exagerados. Debemos tener en cuenta que el abuso de dichos cambios en el discurso pueden producir el efecto contrario (desaparece el contraste y resultan pesados).

  • Mantener el contacto visual:

Es importante mirar a toda la audiencia y mantener el contacto visual durante toda la presentación, no sólo a un sector concreto, sino creando un abanico de miradas (similar a la proyección del sonido que hemos comentado anteriormente). Al mirar a los ojos, debemos hacerlo con suavidad, sin agresividad, de manera que el público se sienta mucho más implicado y conectado con el discurso.

  • Sé breve y exprésate con sencillez:

La gente que nos escuche debe captar las ideas principales de nuestra exposición y, para ello, debemos ser capaces de resumir con precisión aquello que queremos comunicar. Evitemos los discursos demasiado largos, ya que pueden aburrir a los oyentes y además crear confusión con el mensaje que queremos transmitir.

  • No leer, es mejor hablar y explicar con nuestras propias palabras:

La lectura del tema que estamos exponiendo puede llevarnos a la monotonía y el aburrimiento de los oyentes que hemos comentado previamente, por ello recomendamos la espontaneidad. Quizá la expresión espontánea no sea tan pulida, pero definitivamente es mejor (acompañándola de pequeñas notas para recordar lo que queremos decir y saber qué parte va cada fragmento).