Diferencias entre Dislexia y TDAH

En la actualidad, existen dos trastornos que suelen ser motivo de preocupación de muchos padres: la dislexia y el déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH). Como describimos en artículos anteriores, la dislexia es un trastorno del aprendizaje de la lectura de origen neurobiológico que acompaña a la persona durante toda su vida. Afecta de manera persistente a la decodificación fonológica (exactitud lectora) y/o al reconocimiento de palabras (fluidez y velocidad lectora), y suele ir acompañado de dificultades en la escritura. Por otra parte, el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH) es también un trastorno neurobiológico, pero éste se caracteriza por una dificultad para mantener la atención voluntaria frente a actividades, tanto académicas como cotidianas y unido a la falta de control de impulsos. Ambos trastornos presentan síntomas o características comunes en diferentes áreas del desarrollo, como la dificultad para la adquisición de la lectoescritura, la estructuración de trabajos o actividades o la baja autoestima en los niños. Por esta razón, es muy importante que los profesionales discriminemos bien cuál es la causa de los errores que observamos en estos niños.

 

¿Qué diferencias hay entre la Dislexia y el TDAH?

 

Muchos niños con TDAH presentan, como característica asociada al trastorno, dificultades de aprendizaje, dentro de las cuales las referentes a la lectura ocupan un lugar destacado. Concretamente, en el proceso de decodificación (que consiste en que el receptor convierte los signos que le llegan del mensaje de un emisor), en cuanto al procesamiento léxico del lenguaje (identificación de palabras), estos niños cometen con frecuencia errores de anticipación, de omisión y de sustitución de letras o palabras. Podemos observar, por tanto, una gran coincidencia con los tipos de error más frecuentes en la dislexia visual. No obstante, si bien los errores son similares, no siempre son cometidos en las mismas tareas de lectura (es decir, los errores no son consistentes, pues probablemente se equivoquen al leer unas determinadas palabras en un momento dado y, posteriormente, pueden equivocarse en otras distintas). Para diferenciar entre un niño con dislexia y un niño con TDAH, podemos comparar la lectura de palabras, oraciones y textos de ambos niños, ya que los sujetos con dislexia pueden cometer errores tanto en la prueba de lectura de palabras, como en la de oraciones y en la de textos. Por otro lado, los sujetos con TDAH suelen cometer errores en la prueba de lectura de textos, pero no presentan tantos fallos en la lectura de palabras ni en la de oraciones, aunque son más lentos por las dificultades de atención que presentan.

Además, aunque los niños con TDAH y los niños con dislexia cometan errores de lectura muchas veces similares, la causa de dichos errores varía de unos a otros:

  • En la dislexia visual se producen por una dificultad instrumental para el acceso a la lectura, por un uso poco eficaz de la ruta directa del procesamiento léxico, la cual conecta la forma ortográfica global de las palabras con una representación interna de su significado. Esta dificultad afecta de forma generalizada a todos los tipos de lectura (palabras, oraciones, textos).
  • En el TDAH los errores se producen por las dificultades atencionales. En la lectura de palabras y oraciones, estos niños no suelen cometer errores porque los estímulos no superan su tiempo de atención funcional, pero en la lectura de un texto se produce una significativa frecuencia de error, similar a la del niño disléxico, porque el estimulo se prolonga en el tiempo, aparece de forma lenta y el niño no es capaz de afrontar la tarea con la atención sostenida necesaria para llevarla a cabo con éxito. Se produce, además, un empobrecimiento del rendimiento con el paso del tiempo (se suma el efecto fatiga y los errores aumentan a medida que se avanza en el texto). Además, los niños con TDAH presentan otras dificultades, como son los problemas de comportamiento, actúan más por impulso, interrumpen de forma constante las conversaciones, tienen dificultades para esperar su turno, les es casi imposible permanecer quieto en un mismo sitio, etc.