Disfagia tras un ictus

Como ya sabemos, un ictus es un trastorno brusco de la circulación cerebral, que altera la función de una determinada región del cerebro, y entre sus manifestaciones clínicas más importantes se encuentra la disfagia, que consiste en la alteración o la dificultad del proceso deglutorio.

Su rehabilitación en estos casos es determinante para devolver a las personas la capacidad de deglutir o aumentar la ingesta por la vía oral, y la calidad de vida de dichas personas estará claramente influida por el modo de tomar el alimento, así como el tipo y la forma de preparación del mismo, que previenen las complicaciones de la disfagia. Por esta razón, en todos los pacientes que han sufrido un ictus es importante evaluar la presencia de disfagia de forma precoz, antes de administrarles comida o medicación por vía oral, ya que su incidencia se concentra sobre todo en la primera semana post-ictus.

¿Cuáles son los principales signos y síntomas de la disfagia?

 

  • Dificultad para controlar las secreciones orales o la salivación.
  • Ausencia o debilidad de la deglución o tos voluntaria.
  • Cambios en la calidad o el tono de la voz (ronquera, afonía).
  • Movimientos disminuidos de la boca y de la lengua.
  • Lengua caída/reflejos orales primitivos.
  • Aspereza de la garganta frecuente (carraspera).
  • Higiene oral pobre.
  • Cambios en los patrones de alimentación.
  • Pérdida de peso y/o deshidratación.
  • Infecciones respiratorias de tracto bajo frecuentes.

Normalmente, cuando se come o se bebe:

 

  • Hay lentitud para iniciar la deglución y/o retraso en la deglución (la persona tarda más de cinco segundos).
  • Masticación o deglución descoordinadas.
  • Muchas degluciones para un solo bocado (bolo). Como la deglución es deficiente, la persona necesita realizar más degluciones para un mismo bolo.
  • Colocar la comida en los carrillos.
  • Regurgitación oral o nasal de alimentos o líquidos.
  • La persona emplea demasiado tiempo en comer / beber.
  • Toser o estornudar durante / tras la alimentación.

Posteriormente, tras la ingesta de alimentos, es frecuente encontrar afonía o voz ronca, fatiga y cambios en el patrón respiratorio.

Si se confirma la presencia de disfagia, deben tener en cuenta algunos consejos para las comidas:

 

  • Es preciso modificar la consistencia de la comida, es decir, triturar la comida y poco a poco ir cambiando la textura conforme el profesional les indique y el enfermo vaya mejorando. Si la disfagia es de líquidos, entonces deberán espesarlos con espesantes especiales o maicena, papillas o gelatinas. ¡Ojo! Nunca hay que mezclar texturas (por ejemplo, arroz caldoso, sopa con fideos, etc.).
  • Nunca debe iniciarse la alimentación si la persona está adormilada o muy nerviosa. En su lugar, deben esperar a que esté bien despierta y tranquila para iniciar la comida.
  • Intenten que el entorno donde se realiza la comida se tranquilo, facilitando así la concentración de la persona en la deglución y evitando que se distraiga. Eliminen distracciones como la televisión o la radio.
  • La persona debe mantenerse en una posición erguida para comer, con la espalda recta si es posible. La cabeza debe estar alienada con el tronco y, en el momento de tragar, es preciso que la cabeza esté ligeramente inclinada hacia delante.
  • Si no pueden levantar a la persona de la cama, deben colocarla lo más incorporada posible con la espalda recta. Para ello, eleven el cabecero de la cama si ésta es articulada o ayúdense con cojines y almohadas.
  • La persona que va a darle de comer debe estar colocada a la altura de sus ojos o justo por debajo de ellos. Así evitaremos que eleve o gire la cabeza y trague en una postura que le pueda resultar peligrosa.
  • Dar pequeñas raciones lentamente y con frecuencia. Así evitarán que la persona se canse.
  • Una vez que la persona ha comido, debe mantenerla incorporada 30-60 minutos tras la ingesta de comida. Si lo acuestan pronto, podría presentar reflujo (retroceso del alimento hacia la boca) y podría aspirarlo (el alimento pasa a la vía respiratoria).
  • Es importante que mantengan una buena higiene de la boca. Además de hacerle sentirse más cómodo, también es más seguro para él, ya que una mala higiene favorece el crecimiento de bacterias en la boca que pueden producir infección posteriormente en los pulmones.