Disfonía Infantil

disfonía¿Qué es la disfonía infantil?

La disfonía infantil es una afectación en la calidad de la voz que viene provocada generalmente por un trastorno orgánico o un sobreesfuerzo vocal. Éstas últimas son las más comunes, produciendo un cambio en el tono de la voz del niño, haciéndola más ronca. Al principio, dura algunos días y seguidamente la voz se recupera. No obstante, si se sigue cometiendo este mal uso y abuso de la voz, las disfonías se convierten en algo más frecuente, pudiendo llegar a ser constantes.

En estos casos, la disfonía aparece lentamente, percibiendo el niño primero una ligera fatiga vocal, escozor o una sensación de contracción en la zona laríngea (garganta). Posteriormente, el enroquecimiento es cada vez más frecuente hasta que se hace permanente.

 

¿Cuáles son las causas de la disfonía infantil?

La principal causa de la disfonía infantil es el abuso vocal (chillar, hablar excesivamente, vocalizaciones forzadas, etc.), aunque existen otros factores que pueden provocar una lesión en las cuerdas vocales, como las afecciones respiratorias, los antecedente familiares, el estado emocional y perfil psicológico del niño (por ejemplo, niños nerviosos, ansiosos, que tienden a gritar mucho, etc.) o modelos vocales del entorno que rodea al niño.

 

¿Cómo prevenir la disfonía infantil en los niños?

A continuación, os proponemos algunos consejos que podéis llevar a cabo en casa. Es muy importante que ayudéis a vuestros hijos a incorporar estos hábitos en su vida diaria y practicarlos con ellos, ya que los niños se distraen con mayor facilidad.

ž   Ser modelos para vuestros hijos: somos el modelo que nuestros hijos van a imitar, así que debemos procurar hablar en un volumen de voz moderado, evitando los gritos, velocidad de habla normal, etc.

ž   Ayudar a identificar los indicios de fatiga vocal: es muy importante que vuestros hijos sean capaces de detectar en qué momentos están abusando de la voz y cuáles son sus síntomas: carraspeo, tos, escozor, pequeñas pérdidas de voz, “gallos”, etc.

ž   Hidratación: las cuerdas vocales deben mantenerse hidratadas, por lo que hay que acostumbrar al niño a beber agua aunque no tenga sed. Con frecuencia, los niños se distraen jugando y se olvidan de beber, por tanto, tenemos que recordárselo a menudo.

ž   Alimentación adecuada: debemos evitar las comidas demasiado abundantes, los alimentos picantes e irritantes, así como la ingesta abusiva de bollería que estimula las secreciones mucosas volviéndolas más densas. Tampoco son recomendables los caramelos de menta o eucalipto, pues resecan la garganta.

ž   Controlar el entorno y el ambiente siempre que sea posible: tenemos que evitar ambientes muy ruidosos, como pueden ser el televisor y la música, de manera que no haya que elevar la voz (podemos mantenerlos a un volumen bajo). Además, no debemos fumar delante de los niños ni exponerlos a ambientes con mucho humo.

 Por otro lado, hay que intentar evitar los cambios bruscos de temperatura. El ambiente no debe ser ni demasiado seco ni excesivamente frío o húmedo. Podemos utilizar un humidificador cuando se pone la calefacción.

ž   Evitar el abuso vocal: el niño con disfonía no debería gritar en espacios abiertos y, para evitarlo, se le pueden enseñar alternativas para llamar a la gente, como silbar. Debemos enseñarle que, siempre que pueda, se acerque a la persona con la que va a conversar y que hable de uno de uno. Hay que evitar que el niño hable en los momentos en que empuja o levanta objetos pesados, hace deporte, corre, salta, etc.; pues las cuerdas vocales realizan demasiado esfuerzo en ese momento.

ž   Evitar el carraspeo: si queremos aclarar la garganta, es mejor toser. Asimismo, hay que evitar la voz susurrada.

ž   Promover un adecuado descanso: El niño debe tener un descanso regular y estable, durmiendo las horas suficientes para favorecer el descanso vocal (nuestras cuerdas vocales deben descansar de igual forma que el resto del cuerpo).

ž   Fomentar una correcta higiene de las fosas nasales: Es importante enseñar a los niños pequeños a respirar por la nariz y no por la boca. Para ello, debemos enseñarles a sonarse la nariz, de manera que esté limpia y despejada.