Disfonías orgánicas

Existen diversas clasificaciones sobre las alteraciones de la voz. De todas ellas, podemos destacar la clasificación basada en un cuadro etiológico, la cual divide las alteraciones en dos grandes grupos: las disfonías orgánicas y las disfonías funcionales.

Como ya mencionamos en artículos anteriores, las disfonías más frecuentes son las llamadas “funcionales”, que se producen por un uso incorrecto o abusivo de la voz (hablar excesivamente, gritar constantemente, forzar la vocalización, etc.). Este tipo de disfonías no presenta alteración en los órganos fonatorios, sin embargo, si no se corrigen los comportamientos vocales que han desencadenado la disfonía, ésta puede hacerse crónica y aparecen entonces lesiones en los órganos de fonación, como pueden ser nódulos y pólipos.

Por otra parte, podemos encontrar las denominadas disfonías orgánicas, en las cuales se produce una alteración de la voz como consecuencia de una lesión anatómica en los órganos de fonación.

¿Qué tipos de disfonías orgánicas existen?

 

En función del momento de aparición de la lesión, las disfonías orgánicas pueden ser adquiridas o congénitas. Dentro de estos dos tipos de disfonías, encontramos diversas alteraciones, entre las que destacan:

  • DISFONÍAS ORGÁNICAS ADQUIRIDAS:
  1. Nódulos: son los más frecuentes y consisten en pequeñas tumoraciones benignas que crecen generalmente en el tercio medio o anterior del borde de ambas cuerdas vocales, siendo más frecuentes en mujeres. Por lo general, aparecen como consecuencia de un mal uso o abuso vocal y el paciente suele referir dolor en el cuello, voz ronca, sensación de cuerpo extraño en la garganta, fatiga vocal, etc.
  2. Pólipos: son protuberancias benignas que siguen en frecuencia a los nódulos y son más frecuentes en hombres. Presentan un tamaño mayor que los nódulos y son unilaterales, también relacionados con el abuso vocal o con irritantes externos o internos. Los pacientes con pólipos presentan una sintomatología muy similar a la de nódulos.
  3. Edema de Reinke: es una inflamación generalizada de la cuerda vocal, normalmente bilateral, que está íntimamente relacionada con el consumo de tabaco. Es más frecuente en mujeres, a las que les genera una voz muy grave. La disfonía progresiva es el principal síntoma, seguido de carraspeo, tos recurrente y actitud vocal de esfuerzo.
  4. Hemorragia de la cuerda vocal: como en cualquier otra parte de nuestro cuerpo, son derrames de sangre que asientan en la cuerda vocal, por rotura de algún pequeño vaso que circula por ella. Suele ser consecuencia de un sobreesfuerzo agudo o momentáneo (por ejemplo, un grito) y la cuerda se vuelve negra o roja fuerte.
  5. Parálisis laríngeas: consisten en una alteración de la movilidad de las cuerdas vocales debido a una supresión o disminución importante de su función motora, frecuentemente por una intervención quirúrgica en la zona del cuello (por ejemplo, tiroides), traumatismos o tras procesos catarrales. Dan lugar a una voz soplada muy poco eficaz y limitada. Las parálisis más frecuentes son las de los nervios recurrentes.
  6. Granulomas: son lesiones secundarias a intubaciones prolongadas, cirugías laringotraqueales previas, reflujo gastroesofágico, etc. Dependiendo de su tamaño, pueden pasar desapercibidas o generar una gran molestia tanto para respirar como para hablar.
  7. Laringitis: son procesos inflamatorios de la laringe que suelen estar asociados a causas infecciosas esencialmente virales. Cursan con una disfonía de evolución rápida en 12-24 horas. En la mayoría de ocasiones, se resuelve con tratamiento médico y reposo vocal.

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  • DISFONÍAS ORGÁNICAS CONGÉNITAS:
  1. Quistes: son pequeñas “bolsas” rellenas de contenido mucoso que se encuentran en el interior de la cuerda vocal (debajo de su capa mucosa) y provocan la deformidad de la cuerda vocal afectada.  No siempre es una lesión redondeada y blanquecina, sino que con frecuencia se adapta a los planos de la cuerda adquiriendo formas longitudinales, lo que puede dificultar su identificación.
  2. Sulcus: son patologías congénitas que parecen derivar de los quistes intracordales, pero vacíos, de manera que parece haber un “bolsillo” en la cuerda vocal. En este caso, el paciente presenta una disfonía con un timbre sordo y apagado, junto a una fatiga vocal e imposibilidad para cantar.
  3. Sinequias: se trata de membranas finas, a veces traslúcidas, que si sitúan en la comisura anterior de la glotis (donde las cuerdas vocales se pegan). En el adulto, se localizan por debajo de la comisura anterior. Las microsinequias no comprometen la movilidad de las cuerdas vocales, sin embargo, suelen ser un factor favorecedor del sobreesfuerzo vocal, por lo que contribuyen y se asocian a la presencia de nódulos vocales. Por esta razón, debe sospecharse una microsinequia ante la existencia de nódulos vocales que fracasan o recidivan precozmente tras el tratamiento rehabilitador.
  4. Vergeture: es una lesión congénita a modo de “fisura”, situada en el borde libre de la cuerda vocal. Puede ocupar toda la extensión del pliegue vocal, con menor profundidad que el sulcus.

 

Si desea obtener más información acerca de las disfonías o alguna de las patologías que hemos mencionado, no dude en contactar con nosotros.