Disgrafía

La disgrafía es un trastorno de la escritura de las letras (grafía) y puede ser de dos tipos: a) las denominadas disgrafías adquiridas, referidas a las personas que escribían correctamente y que, como consecuencia de una lesión cerebral, muestran alteraciones en algún aspecto de la escritura; y b) las disgrafías evolutivas, referidas a los niños que tienen dificultades para aprender a escribir.

En este caso, nos centramos en las disgrafías evolutivas, las cuales podemos encontrar en niños completamente normales desde el punto de vista intelectual y que no sufren deficiencias neurológicas severas, sensoriales, motoras, afectivas o sociales.

 

¿Cuáles son sus características?

La principal característica por la que se distinguen las disgrafías evolutivas de los simples retrasos para la escritura es por el carácter inesperado del trastorno, pues no hay ninguna razón aparente que lo justifique. Como características propiamente disgráficas, señalamos dos tipos de síntomas relacionados:

ž   Signos secundarios globales: comprenden una postura inadecuada, soporte incorrecto del instrumento (lápiz, bolígrafo, etc.), mala presión del mismo o velocidad de escritura excesivamente rápida o lenta.

ž   Signos específicos: ponen su atención en elementos del propio grafismo, como puede ser el gran tamaño de las letras, letras inclinadas, deformes, excesivo espaciado entre letras o muy apiñadas, enlaces indebidos entre grafemas, letras irreconocibles y, en definitiva, texto difícil de comprender.

Para el diagnóstico de la disgrafía, es necesario tener en cuenta el factor edad, pues este trastorno no comienza a manifestarse hasta después de haber iniciado el período de aprendizaje (después de los 6-7 años).

 

 

¿Qué tipos de disgrafía existen?

Existen distintas clasificaciones de la disgrafía. Según Portellano Pérez (1985), podemos encontrar la disgrafía léxica (también conocida como disortografía), que afecta al contenido de la escritura y sus errores son similares a los cometidos en la lectura (omisión de letras o sílabas, confusión de letras con sonidos semejantes, inversión o transposición del orden de las sílabas, etc.); y ladisgrafia disgrafía motriz o caligráfica, que incide en la calidad de la escritura, provocando la alteración de los aspectos grafomotores: trastornos en la forma y tamaño de las letras, deficientes espaciamientos entre letras y renglones, inclinaciones defectuosas, etc.

Por otra parte, la disgrafía también se divide en disgrafía fonológica, disgrafía superficial y disgrafía mixta. En la primera, los niños tienen problemas para desarrollar y adquirir el mecanismo fonológico o indirecto de acceso al léxico que se produce con la utilización de las reglas de conversión fonema-grafema (RCFG) y, por ello, tienen dificultades para escribir pseudopalabras y palabras poco frecuentes, tienden a realizar una escritura en espejo, cometen errores de omisión, sustitución, inversión y adicción de grafemas y grupos consonánticos. En el segundo tipo, los niños tienen dificultades para consolidar la vía ortográfica o directa, por lo que cometen un mayor número de errores en la escritura de palabras irregulares, cometen errores de ortografía, tienen dificultades para escribir palabras en un idioma extranjero, presentan una mayor lentitud de la escritura, etc. Por último, la disgrafía mixta es la más común entre los niños con dificultades específicas de aprendizaje, ya que no adquieren o desarrollan adecuadamente ambas rutas de acceso al léxico y cometen ámbitos tipos de errores.

 

¿Cómo se interviene en la disgrafía?

El tratamiento de la disgrafía se centra en aquellos aspectos deficitarios que se han detectado durante la evaluación, siendo éste totalmente individual y personalizado. En función de las dificultades que manifieste el niño, será necesario realizar diferentes actividades de intervención. Así, si se trata de problemas a nivel de organización y planificación las actividades serán muy diferentes que si se trata de problemas a nivel ortográfico. Cuando se trata de niños con problemas de escritura en general, hay que trabajar todos los niveles pero en diferentes momentos, es decir, se estructura como un proceso continuo de mejora, desde los aspectos más simples (postura, prensión y presión del lápiz sobre el papel) a los más complejos, facilitando así la reorganización del proceso o procesos deteriorados.