Mi hijo comete algunas disfluencias, ¿qué debo hacer?

En ocasiones, algunos niños presentan disfluencias durante el desarrollo del lenguaje, las cuales pueden ser ocasionadas por distintos motivos, no obstante, suelen desaparecer de manera natural. Tengan en cuenta que el niño de 3 o 4 años está aprendiendo a hablar, no tiene un vocabulario demasiado extenso y los adultos, a veces, hablamos demasiado rápido o no les dejamos todo el tiempo que necesitan para que se expresen.

La conducta que adopten con su hijo es esencial para su desarrollo del habla, la forma en que uno se relaciona y se comunica con él. Es lógico que cuando lo escuchen «atascarse», intenten ayudarle. Lo primero que a uno se le ocurre indicarle es que no se ponga nervioso, que hable más despacio o que repita lo que ha dicho; pero esto no surte mucho efecto, pues el niño sigue teniendo dificultades al hablar y, además, este tipo de apoyos transmiten a su hijo la actitud y el sentimiento que tienen hacia su forma de hablar (le indican si se sienten mal cuando lo ven con dificultades en el habla).

Deben tener en cuenta que su hijo, como todos los niños, desarrolla sentimientos observando a sus padres. Si sienten que tartamudear es negativo, su hijo aprenderá a sentirse también así; si sus padres se muestran preocupados por su forma de hablar e intentan que hable de otra manera, el niño interpretará que su expresión no es adecuada y se tensará. Para evitar que este problema pasajero y común se prolongue, debemos transmitir ideas y actitudes al niño que le ayuden a disminuir o eliminar las emociones negativas hacia las disfluencias y no desvalorizar su forma de comunicarse. A continuación, les proponemos algunos consejos:

  • Acepten la forma de hablar del niño, es totalmente natural, sólo existen unas pequeñas disfluencias porque su hijo está experimentando con el lenguaje.
  • No consideren el tartamudeo como algo negativo (ya que indirectamente estarán transmitiendo ese mensaje). No dejen que su hijo los vea preocupados por su forma de hablar.
  • Procuren no transmitirle desagrado cuando vean que el niño se atasca.
  • Esperen a que él termine y no le acaben las palabras aunque sepan lo que quiere decir.
  • Háblenle despacio, con pausas entre las frases, sin apresurarse. Sean un buen modelo a imitar para él en su forma de hablar.
  • Dediquen un tiempo diario (15-20 minutos) para charlar con él, facilitando así la expresión de manera relajada y distendida.
  • Miren a los ojos. Es importante transmitir tranquilidad y establecer una mirada natural, relajada (especialmente en los casos en los que el niño realiza algún gesto o comete una disfluencia).
  • Procuren alargar las primeras sílabas de las palabras al hablarle (son en las que los niños suelen realizar un mayor esfuerzo, por tanto, si las alargamos, estamos suavizando el inicio de esa frase).
  • Cometan algún error en su expresión cuando el niño les escucha, que vea que los adultos también se equivocan a veces.

 

¿Cómo puedo saber si mi hijo tiene un problema?

Cuando el niño es mayor de cinco años y sigue presentando rasgos de tartamudez, conviene realizar una valoración logopédica para comprobar la presencia de un problema en la fluidez del habla. Si un niño presenta disfemia, repetirá palabras o sílabas como hacen muchos niños de su edad, pero estas repeticiones serán un poco más severas, también habrá tensión muscular ligada al habla y esta alteración de la fluidez estará afectando al rendimiento académicos y a la comunicación social del niño. Si ven que su hijo tartamudea con frecuencia, demuestra mucha tensión en los músculos de la cara cuando lo hace, si está evitando ciertas palabras o sonidos y si estos síntomas le duran entre 6 meses y un año es recomendable que acudan a un logopeda para tratar las disfluencias lo antes posible. Si necesitan más información, no duden en ponerse en contacto con nosotros.