Lenguaje infantil: los errores más frecuentes que cometen los padres.

En artículos anteriores, vimos la tendencia que existía en algunos padres a actuar de forma sobreprotectora con sus hijos, limitando la exploración del mundo, probablemente por el miedo que alguna vez podemos tener a que se hagan daño con algo de su entorno. Esto no significa necesariamente mimar a los niños, sino que consiste en algo más emocional que conlleva la necesidad de controlar al hijo en todo momento. Como consecuencia de esta necesidad, se llega a generar una dependencia entre padres e hijos con ambientes de excesiva atención, preocupación asfixiante, con deseos de los padres convertidos en obligaciones o expectativas demasiado altas para la capacidad del niño, etc.; y esto influye negativamente en el desarrollo de su lenguaje.

Debemos entender que el niño es un ser social, por tanto, el lenguaje no se puede enseñar de manera aislada, pues no podemos separar el lenguaje de todas las circunstancias que lo rodean.

Por ejemplo, si cada vez que su hijo quiere algo, se lo dan antes que pueda pedirlo verbalmente, están mermando su capacidad de desarrollo del lenguaje. Su hijo aprenderá a solicitar cosas con sólo mirar o señalar, pues no verá la necesidad de pedirlo con palabras. Así, al conseguir todo lo que quiere sin decir nada, su desarrollo de la pronunciación o de la construcción de frases se verá retrasado con respecto a los demás niños.

Por otra parte, además de la sobreprotección, es frecuente en los padres el uso de un lenguaje infantilizado, es decir, se suele utilizar un tono distinto cuando hablamos con ellos, así como diminutivos, gestos y expresiones exageradas que no emplearíamos con otras personas adultas. Tienen que tener en cuenta que los niños aprenden de la experiencia e imitan todos los referentes y modelos que tienen a su alrededor. Por este motivo, deben diferenciar el tono cariñoso con el que pueden hablarles de uno «aniñado», de forma que sus hijos aprendan a relacionarse correctamente sin utilizar demasiados diminutivos o con palabras poco claras (como decir «bibi» en lugar de biberón o vaso de leche).

Esto no significa que tengan que dejar de hablarles en un tono dulce, pero pueden evitar por ejemplo el uso excesivo de diminutivos y expresiones de bebés. Traten de llamar a las cosas por su nombre, utilizando palabras apropiadamente y frases sencillas pero correctas, favoreciendo así el desarrollo del lenguaje.

Algunas orientaciones para trabajar en casa

 

  • Es importante que tomen una actitud comprensiva y paciente en la estimulación del lenguaje. Deben intentar no ponerle metas que le resulten difíciles o imposibles de alcanzar.

 

  • A veces, cuando el niño no pronuncia bien algún sonido o no dice bien alguna palabra, los padres se impacientan o se enfadan. Esto somete a una mayor presión al niño, el cual puede tener miedo a equivocarse en sus posteriores interacciones. En estos casos, debemos mostrarnos cariñosos y comprensivos, ofreciéndole el modelo correcto.

 

  • También hay que evitar adelantarse adivinando lo que el niño va a decir. Denle tiempo para que termine lo que quiere decir, esto ayudará a no generar sentimientos negativos hacia la comunicación.
  • Asimismo, si el niño se equivoca en más de una palabra durante su enunciado, deben centrarse en una sola palabra, ya que pueden saturar al niño con tantas palabras que corregir a la vez.

 

  • La alimentación de los niños debe ser acorde con su edad, ya que la masticación es parte de la ejercitación de los músculos que intervienen en el habla. Seguir con papillas o biberón, por ejemplo, a los 4 años no está beneficiando al niño para realizar los movimientos necesarios en la articulación de sonidos.