Dislexia: orientaciones para la familia y la escuela

Cuando nos encontramos ante un niño que presenta dislexia, es muy importante que la escuela y la familia mantengan una comunicación fluida y se coordinen para favorecer el desarrollo emocional y social del niño, trabajar su autoestima, así como obtener recursos educativos que faciliten el programa de intervención que se lleve a cabo. Además, la familia debe involucrarse en el conocimiento de la dislexia y de las actividades lúdicas que pueden servir de apoyo en la etapa escolar dentro del entorno familiar.

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Orientaciones para los padres

Los padres pueden ser una fuente de ayuda muy importante para la superación de los problemas de sus hijos, siendo su papel más importante el apoyo emocional y social. El niño debe saber que sus padres comprenden la naturaleza de sus problemas de aprendizaje, y esto requerirá muchas veces el tener que dar explicaciones acerca de su dislexia:

– Deben hacerle entender a su hijo que no tiene una baja capacidad mental, sino un problema en el aprendizaje de la lectura y escritura.

– Deben explicar al niño que el éxito puede implicar una considerable cantidad de trabajo, pero él va a recibir una ayuda específica para superar todos los problemas.

– Es muy importante comunicarle que le seguirán queriendo, independientemente de que saque mejores o peores notas en el colegio. Deben evitar que su angustia aumente los problemas del niño, produciendo ansiedad en éste y aumentando su preocupación, ya que puede generar dificultades emocionales secundarias.

– Eviten la comparación de su hijo disléxico con un hermano sin problemas, pues ambos son distintos y con distintas cualidades.

 

Además de las orientaciones que acabamos de comentar, los padres pueden llevar a cabo distintas actividades para desarrollar el lenguaje del niño (concretamente, la conciencia fonológica) y reforzar la atención, la memoria y el vocabulario:

– Busquen objetos que comiencen por una determinada letra.

– Inventen rimas con el nombre del niño, una rima propia o rimas de dos palabras: “Al perrito pequeñito le picó un mosquito”, “silla amarilla”, etc.

– Jueguen al veo-veo, a palabras encadenadas y/o describir las cosas que ven al aire libre usando palabras que comiencen por el mismo sonido: “casa cuadrada”, “bote bonito”, etc.

– Jueguen con puzles, barajas de familias, animales, etc.

– Localicen en las tiendas lo que van a comprar y cójanlo.

– Busquen diferencias entre dos dibujos casi iguales.

– Describan un objeto de la casa para que lo adivine: “tiene cuatro patas y nos sentamos en ella cuando vamos a comer”.

– Lean una historia juntos y hablen sobre ella. Pueden hacerle preguntas para ver si se acuerda de los personajes, cómo se llamaban, qué cosas hacían, etc. Esto también puede hacerse con un programa de TV.

 

Orientaciones para los profesores

Es imprescindible que los profesores implicados en la educación del alumno con dislexia adopten actitudes favorables y positivas para el niño, además de diseñar un programa de intervención adaptado a las características individuales del mismo. A continuación, os proporcionamos una serie de pautas que pueden ayudar al profesorado a elaborar sus programaciones y estrategias educativas con un mayor éxito, adaptándolas al nivel y las características del niño:

 

– Muestre al niño que se interesa por él, que tiene confianza en él y desea ayudarle, ya que el alumno se siente inseguro y preocupado por las reacciones del profesor.

– Evite comparar al niño con otros alumnos en términos negativos, hacerle leer en voz alta contra su voluntad o realizar chistes sobre sus dificultades.

– No haga copiar al niño grandes textos de la pizarra, es preferible dárselo en una fotocopia.

– Siente al niño en las primeras filas, cerca de usted, para prestarle la mejor ayuda. También se le puede sentar al lado de un compañero que le ayude.

– Preste al niño una atención individualizada siempre que sea posible, de manera que entienda que siempre puede preguntar sobre lo que no comprenda.

– Capte su atención cuando vaya a proporcionar una información nueva y repita dicha información las veces que haga falta, ya que los niños disléxicos suelen tener problemas de distracción y memoria a corto plazo.

– Utilice el método apropiado para resolver las dificultades específicas. Hay casos en que es necesario reforzar la parte silábica del proceso lector, por tanto, un método “global” no es adecuado.

– Asegúrese de que entiende las tareas. Para ello, puede dividir las lecciones en partes y comprobar, paso a paso, que las comprende (¡un disléxico comprende perfectamente las instrucciones verbales!).

– Debe darle tiempo para organizar sus pensamientos y terminar su trabajo, sobre todo si el niño debe copiar de la pizarra o tomar apuntes. Además, necesitará ayudar para relacionar los conceptos nuevos con la experiencia previa.

– Evite la corrección sistemática de todos los errores en su escritura. Si es posible, haga exámenes orales, evitando las dificultades que le suponen su mala lectura, escritura y capacidad organizativa.

– Procure mandar al niño un trabajo más ligero y breve para casa, ya que le lleva más tiempo que a los demás hacer las tareas y esto puede aumentar su frustración y rechazo.

– Haga observaciones positivas sobre su trabajo, sin dejar de señalarle aquellos que debe mejorar y está más a su alcance. Hay que elogiarlo y alentarlo siempre que sea posible.

– Permítale el aprendizaje de la manera que sea posible, con los instrumentos alternativos a la lectura y escritura que estén a su alcance: calculadoras, esquemas y gráficos, imágenes, tablas de datos, etc. Se trata de realizar un aprendizaje multisensorial para acceder al cerebro de todas las formas posibles en la situación de aprendizaje.