Tartamudez infantil: síntomas y orientaciones

Como ya sabemos, la disfemia (también conocida como tartamudez o disfluencia), es una alteración que afecta al ritmo del habla y puede aparecer a cualquier edad.
En el caso de los niños que aún no han consolidado su lenguaje, estos episodios de disfluencia pueden tener lugar debido a que aún se encuentran en un período de integración y organización del lenguaje y, por otro lado, debido a un cierto desfase entre lo que son capaces de entender y lo que pueden expresar.
Esto da lugar a un habla caracterizada por paros en la fonación, sustituciones de sílabas, palabras y repeticiones en el momento de la expresión verbal.
Normalmente también podemos observar dificultades de coordinación fono-respiratoria, tensión de cuello, cervicales y de otra musculatura implicada en la fonación.
Si bien es cierto que, a menudo, en el caso de los niños estas alteraciones se pueden corregir con una orientación adecuada, hay otros casos que presentan diferentes síntomas considerados, «de riesgo», y es aquí donde se hace necesaria una intervención específica.

SÍNTOMAS DE RIESGO

• Antecedentes familiares que hayan presentado disfemia.
• Modelos de habla inadecuados (habla muy rápida, muy contenido, no respetar los turnos).
• Muchos episodios de bloqueos respiratorios.
• Conductos de evitación.
• Relevante uso de gestos.
• Uso de «muletillas» para iniciar o mantener el discurso.
• Relevante presencia de bloqueos tónicos o clónicos.

Qué tengo que hacer si detecto estos síntomas en mi hijo?

Lo más recomendable es consultar con un especialista para descartar que realmente haya una alteración del habla y, en el caso de que sea, intervenir lo más pronto posible para normalizar la situación.
Teniendo en cuenta que se trata de un aspecto relacionado con el lenguaje, lo más adecuado es consultar al logopeda, ya que es el especialista en la detección, prevención e intervención de los trastornos de los lenguaje, el habla y la comunicación.

PAUTAS Y ORIENTACIONES A LA FAMILIA
• No hacer valoraciones despectivas en relación al habla, ni directos ni indirectos, ya que esto puede afectar (sin darnos cuenta) a la autoestima del niño. Es más conveniente fijar la atención en el discurso, en el contenido de éste y no en la forma.
• No pedir constantemente que repita algo, ni hacerle adoptar otra forma de hablar, ya que, si el niño manifiesta episodios de bloqueo no es porque quiera, sino porque no los puede evitar.
• Ayudarle con estrategias comunicativas correctas (aumentar el contacto visual, acercarnos, mantener la atención ..).
• El podemos ayudar a finalizar la sílaba o palabra donde aparece el bloqueo, pero de forma natural, de manera que haya posibilidad de continuar el discurso sin tensión.
• Hacer uso de juegos donde aparezca el lenguaje y se pueda trabajar el ritmo, entonación, melodía (canciones, marionetas …)
• Intentar que el lenguaje o el modelo de habla que usamos con el niño sea claro, comprensible y evitar las preguntas cerradas.
• Ser paciente y dar el tiempo necesario cuando el niño tenga que hablar, para que pueda prepararse sus respuestas o su discurso.
• Respetar al máximo los turnos de habla.
• Evitar dar más de una o dos órdenes a la vez, así como situaciones comunicativas asociadas a tensión o que puedan provocar estados de nerviosismo al niño.